Sociedad

El desafío que Guatemala arrastra desde hace dos décadas

El problema está ahí, frente a todos, cada vez que alguien saca la bolsa de basura a la calle. Cuando las familias guatemaltecas depositan sus residuos en las aceras para que sean recolectados, creen que el problema termina. Pero en realidad apenas comienza un recorrido que el país no ha logrado resolver en dos décadas. Ayer, en el República Summit de Sostenibilidad 2026, coorganizado por Cámara de Industria y Fundesa, autoridades municipales, nacionales, empresarios, recolectores, transportistas y recicladores se reunieron para enfrentar una verdad incómoda: Guatemala genera residuos todos los días, pero todavía no ha construido la forma adecuada de manejarlos. Y el tiempo para actuar se agota.

La premisa que abrió el diálogo fue clara: esto no es solo un problema de las autoridades. Legalmente, las 340 municipalidades del país tienen el mandato de proteger fuentes de agua y regular la disposición de residuos. Sin embargo, la mayoría no cuenta con sistemas que se acerquen siquiera a lo deseable. La falta de recursos explica parte del rezago, pero no todo. También hay dejadez, ausencia de voluntad política y desconocimiento técnico. Durante años, las administraciones locales han tratado el tema de los residuos como un gasto inevitable, no como una oportunidad de transformación. El resultado es visible en vertederos saturados, ríos contaminados y comunidades enteras expuestas a riesgos sanitarios que pudieron evitarse.

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Hace cinco años, en 2021, Guatemala aprobó un reglamento específico de observancia obligatoria para el manejo de residuos y aguas residuales. Era un paso prometedor, una señal de que el país estaba dispuesto a ponerse al día con estándares ambientales modernos. Pero ese reglamento nunca entró en vigor. Su implementación ha sido aplazada una y otra vez, sin que exista una justificación técnica sólida. Mientras tanto, la normativa ambiental que debía regular la disposición de residuos desde hace dos décadas permanece inactiva, sumida en lo que los participantes del summit describieron como un sueño de los justos. El marco legal existe, el problema no es la ausencia de leyes. El problema es la falta de ejecución.

La cadena rota del manejo de residuos

Cuando una familia paga por el servicio de recolección de basura, está pagando exactamente eso: recolección y transporte. Nada más. La disposición final y adecuada de los residuos tiene un costo adicional que, hasta ahora, muchos de quienes los generan no están cubriendo. Esta es una de las grietas más profundas del sistema. Los hogares pueden separar sus desechos en bolsas de diferentes colores, pero si no existe una infraestructura que reciba, clasifique y procese esos materiales, el esfuerzo se pierde. La cadena se rompe en algún punto entre la acera y el vertedero, y todo termina mezclado, contaminado, sin posibilidad de ser aprovechado. Este ciclo vicioso no solo desperdicia recursos valiosos, también perpetúa la contaminación y la degradación ambiental.

En contraste, varias industrias guatemaltecas han demostrado que es posible actuar de manera diferente. Desde hace años, muchas empresas han adoptado un manejo responsable e integral de sus residuos, incluso sin estar obligadas por la ley. Reciclan, reutilizan, aprovechan los desechos para generar valor. Lo que finalmente llega a los vertederos producto de sus operaciones es solo una fracción mínima. Estas prácticas no solo reducen el impacto ambiental, también mejoran la eficiencia operativa y la reputación corporativa. El sector privado ha entendido que la sostenibilidad no es un lujo, es una necesidad estratégica. Ahora, el reto es extender esa lógica a los hogares y las comunidades, donde la generación de residuos es igual de intensa pero el manejo mucho más caótico.

El ejemplo uruguayo y la importancia del liderazgo político

El invitado principal del República Summit fue el expresidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, quien compartió la experiencia de su país en la gestión integral de residuos. Durante su mandato, Lacalle Pou creó el Ministerio de Ambiente y el Sistema Nacional de Gestión de Residuos, dos pasos que consolidaron el compromiso uruguayo con el ambiente, la salud y el bienestar de sus habitantes. Pero lo hizo convocando a todos los sectores de la sociedad. No fue una decisión unilateral del gobierno, sino el resultado de un diálogo amplio que incluyó a empresarios, ciudadanos, organizaciones ambientales y autoridades locales. Uruguay entendió que la sostenibilidad requiere consensos, no imposiciones. Y que sin la participación activa de todos los actores, cualquier política pública está destinada a fracasar.

El mensaje de Lacalle Pou resonó con fuerza entre los asistentes guatemaltecos. La gestión de residuos no puede seguir siendo un tema de segunda categoría en la agenda política. Requiere institucionalidad, recursos, planificación y, sobre todo, voluntad. Requiere que las autoridades nacionales asuman el liderazgo, que las municipalidades fortalezcan sus capacidades, que las empresas mantengan y amplíen sus buenas prácticas, y que los ciudadanos comprendan que la responsabilidad es compartida, aunque diferenciada. Cada actor tiene un papel que jugar, y ninguno puede eludir su parte. El problema de la basura, como se le llama coloquialmente, es en realidad el problema de un modelo de consumo insostenible y de un sistema institucional que no ha estado a la altura del desafío.

Un llamado a la acción inmediata

El consenso alcanzado en el summit fue unánime: no se puede esperar más. Guatemala no puede seguir postergando decisiones que ya deberían haberse tomado. La entrada en vigor del reglamento aprobado en 2021 no puede seguir aplazándose. Las municipalidades necesitan recibir apoyo técnico y financiero para desarrollar sistemas de manejo de residuos dignos de ese nombre. Las familias necesitan educación y acceso a infraestructura que haga posible la separación y el reciclaje. Y el sector privado debe ser reconocido no solo por sus buenas prácticas, sino también incentivado para que siga ampliando su compromiso ambiental. Todo esto requiere coordinación, inversión y, sobre todo, un cambio de mentalidad.

El República Summit de Sostenibilidad 2026 no fue solo un espacio para diagnosticar problemas. Fue una plataforma para construir soluciones desde el periodismo de soluciones, convocando a actores clave y abriendo el diálogo franco. Porque Guatemala genera residuos todos los días, eso es innegable. Pero también tiene la capacidad de manejarlos de manera responsable, sostenible y eficiente. Lo único que falta es la decisión colectiva de hacerlo. El reloj sigue corriendo, y cada día que pasa sin acción es un día más de oportunidades perdidas y daños acumulados.

Fuentes consultadas

  • República Summit de Sostenibilidad 2026 – República

Información elaborada por noticias.com.sv a partir de República. Fuente original: República

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