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Guatemala busca el sello UNESCO para su gastronomía y tradición

En las oficinas del Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala, un equipo de especialistas trabaja en la preparación de dos expedientes que podrían cambiar para siempre la forma en que el mundo reconoce la riqueza cultural del país centroamericano.

En las oficinas del Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala, un equipo de especialistas trabaja en la preparación de dos expedientes que podrían cambiar para siempre la forma en que el mundo reconoce la riqueza cultural del país centroamericano. Se trata de la postulación de dos manifestaciones profundamente arraigadas en la identidad guatemalteca: los saberes gastronómicos que han pasado de generación en generación, y una tradición de peregrinación que congrega a comunidades enteras en un acto de fe y cultura. Ambos elementos avanzan en el proceso de candidatura para formar parte de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, un reconocimiento que no solo dignifica estas prácticas, sino que las protege y las proyecta internacionalmente. El país sigue así los pasos de naciones vecinas que han logrado inscribir elementos tan diversos como textiles, danzas y celebraciones comunitarias en este prestigioso registro.

El camino hacia el reconocimiento mundial

La promoción de estos elementos culturales no es un proceso improvisado. Responde a años de documentación, investigación y diálogo con las comunidades portadoras de estas tradiciones. Guatemala ha venido consolidando su estrategia de salvaguarda del patrimonio inmaterial desde hace más de una década, cuando logró inscribir la lengua, danzas y música de los garífunas en la lista de la UNESCO, un hito que marcó el inicio de una conciencia nacional sobre la importancia de proteger lo intangible. Ahora, el enfoque se dirige hacia expresiones que atraviesan la vida cotidiana de millones de guatemaltecos: la comida y la fe. La gastronomía guatemalteca, con sus raíces mayas, españolas y afrocaribeñas, representa un complejo sistema de conocimientos sobre cultivo, preparación, consumo y transmisión de saberes. No se trata únicamente de recetas, sino de toda una cosmogonía que vincula la tierra, el maíz, los rituales y la identidad comunitaria. Por su parte, la tradición de peregrinación que se está promoviendo articula fe católica, sincretismo religioso y prácticas ancestrales en un recorrido que trasciende lo meramente devocional para convertirse en un acto de cohesión social y memoria colectiva.

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Gastronomía: más que platillos, un universo cultural

Cuando se habla de saberes gastronómicos en Guatemala, se hace referencia a un entramado de conocimientos que abarca desde la selección de semillas criollas hasta los métodos de cocción con leña, pasando por el uso ceremonial de alimentos en celebraciones y rituales. El maíz, considerado sagrado por las culturas originarias, es el eje central de esta tradición culinaria. Existe una diversidad de preparaciones que reflejan la geografía y la diversidad étnica del país: desde los tamales envueltos en hoja de maxán hasta los caldos ceremoniales que se sirven en las cofradías durante las festividades patronales. La postulación ante la UNESCO busca visibilizar no solo los resultados tangibles de estos saberes, sino los procesos de transmisión intergeneracional, las técnicas agrícolas sostenibles asociadas y el papel de las mujeres como principales guardianas de este patrimonio. En mercados, cocinas comunitarias y hogares rurales, estas prácticas continúan vigentes, aunque enfrentan amenazas como la homogeneización alimentaria, la pérdida de variedades nativas de maíz y la migración de jóvenes hacia las ciudades. El reconocimiento de la UNESCO podría fortalecer las políticas públicas de protección, fomentar el turismo cultural sostenible y revalorizar el trabajo de las comunidades indígenas y campesinas que mantienen viva esta herencia.

Peregrinación: caminos de fe y memoria

La otra candidatura guatemalteca se centra en una tradición de peregrinación que combina devoción religiosa, ritualidad comunitaria y expresión cultural. Aunque los detalles específicos de la peregrinación no fueron completamente detallados en la fuente original, se entiende que se trata de un recorrido que convoca a grupos de fieles año con año, en fechas significativas del calendario litúrgico o agrícola. Estas peregrinaciones no son meras procesiones: implican preparativos que pueden durar meses, roles asignados dentro de la comunidad, cánticos tradicionales, ofrendas y actos de sacrificio simbólico. En muchas de estas expresiones, la fe católica se entrelaza con creencias mayas, dando lugar a un sincretismo que caracteriza a gran parte de la espiritualidad guatemalteca. Los peregrinos caminan distancias considerables, a veces descalzos o cargando cruces, como una forma de expresar promesas, agradecer milagros o pedir por la salud y la cosecha. Estos actos refuerzan los lazos comunitarios, transmiten valores de solidaridad y resistencia, y mantienen viva la memoria histórica de lugares sagrados. La UNESCO valora especialmente este tipo de manifestaciones porque evidencian la capacidad de las comunidades para adaptar y mantener vivas sus tradiciones en contextos cambiantes, preservando al mismo tiempo su sentido original y su función social.

El valor estratégico del reconocimiento UNESCO

Lograr que un elemento sea inscrito en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad no es solo un reconocimiento simbólico. Conlleva beneficios concretos: acceso a fondos internacionales para programas de salvaguarda, mayor visibilidad en plataformas globales, fortalecimiento del turismo cultural y, sobre todo, un compromiso del Estado para garantizar la continuidad de estas prácticas. En el caso de Guatemala, país con una riqueza cultural extraordinaria pero también con altos niveles de desigualdad y exclusión, este tipo de reconocimientos pueden traducirse en oportunidades económicas para las comunidades portadoras, especialmente en zonas rurales donde el acceso a recursos es limitado. Además, la inscripción en la lista de la UNESCO obliga a implementar planes de gestión participativa, lo que implica que las comunidades deben ser protagonistas en la toma de decisiones sobre cómo proteger y transmitir su patrimonio. Esto representa un avance importante en términos de derechos culturales y autonomía de los pueblos indígenas. A nivel regional, Guatemala se suma a un movimiento centroamericano de reivindicación del patrimonio inmaterial: Honduras ha inscrito la lengua garífuna, Costa Rica el boyeo y la carreta, Nicaragua diversas expresiones del Pacífico, y El Salvador trabaja en la postulación de sus propias manifestaciones culturales.

Desafíos en el proceso de postulación

A pesar del avance, el camino hacia la inscripción no está exento de retos. La UNESCO exige expedientes técnicos rigurosos, que incluyan documentación audiovisual, testimonios de las comunidades, estudios antropológicos, planes de salvaguarda y cartas de consentimiento. Todo esto requiere recursos humanos, técnicos y financieros que no siempre están disponibles de manera inmediata. Además, es fundamental demostrar que las prácticas están vivas, que se transmiten activamente y que cuentan con el respaldo de las comunidades que las practican. En algunos casos, la patrimonialización puede generar tensiones: hay comunidades que temen que el reconocimiento internacional traiga consigo una folklorización de sus tradiciones o una mercantilización que desvirtúe su sentido original. Por eso, el proceso debe ser participativo, transparente y respetuoso de las decisiones locales. Otro desafío es la coordinación interinstitucional: en Guatemala, como en muchos países de la región, las políticas culturales dependen de múltiples actores, desde ministerios hasta organizaciones comunitarias, pasando por universidades y ONG. Lograr una articulación efectiva entre todos estos sectores es clave para que el reconocimiento de la UNESCO se traduzca en acciones concretas de salvaguarda y no quede solo en el papel.

Guatemala avanza, paso a paso, en un proceso que no solo busca el sello internacional, sino que representa un acto de afirmación de su identidad diversa y multicultural. En cada tamal preparado con maíz criollo, en cada caminata de fe bajo el sol del altiplano, late la memoria de un pueblo que se niega a olvidar quién es. El reconocimiento de la UNESCO sería, en ese sentido, no un punto de llegada, sino un impulso para que esas prácticas continúen siendo el corazón vivo de una nación que encuentra en su cultura su mayor fortaleza.

Fuentes consultadas


Información elaborada por noticias.com.sv a partir de Prensa Libre. Fuente original: Prensa Libre

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